Mientras me mantenía entretenido en mi actividad una persona se acerca, despertándome de un pesado sueño en un mundo aparte. Se decide a realizarme una pregunta:
-¿Por qué te sacas fotos a vos mismo? -le mire fríamente por unos instantes, como quien siente su armonía invadida por un intruso indeseado. Finalmente compuse mi carácter y depuse la mirada agresiva, después de todo solo era una muchacha curiosa, a lo que respondí algo cortante:
-Lo hago porque estoy triste -dije, clavándole la mirada a fin de intimidarla, como una defensa reflejo ante el encuentro con un completo extraño.
-¿Y por qué estas triste? -retrucó al instante, como esperando la respuesta de ante mano.
-Porque me siento solitario -continué con una sinceridad que me sorprendió, al abrirme con un completo y perfecto extraño.
-Bueno, yo estoy muy aburrida... -hizo una pausa, luego prosiguió con total naturalidad:
-¿te molesta mi presencia? -preguntó por tercera vez, se mostraba mas interesada conforme lograba sacarme respuestas. Su interrogatorio era dulce, bien intencionado, persuasivo, y la verdad es que yo deseaba algo de compañía.
-No molestas, en lo absoluto. Pero es cosa rara que un extraño comience una conversación en un lugar desierto, por cierto ¿como te llamas?
-Natalia. ¿Y usted es?
-Hernan. Un gusto conocerla, Natalia
-Parece que ya no somos un par de extraños, y que este lugar no es tan desierto después de todo -sonrió casi imperceptiblemente, moviendo luego la mirada hacia un costado.
Dejamos la charla de lado caminando sobre las vías del tren, que por cierto se encuentran inservibles desde hace muchos años y sus alrededores son los paisajes mas agradables que pude encontrar aquí, a la distancia. Los edificios que alguna vez fueron patrimonio del ferrocarril ahora se encuentran abandonados y en algunas casos tomados por particulares de fines distintos. En el lugar se respira cierto aire bohemio que no existe en otro rincón del pueblo, de cierta forma me recuerdan al entrañable Gran Buenos Aires.
Como pocas veces sucede entre dos personas el vacío de conversación no me incomodaba, al parecer tampoco a ella, y como si lo hubiésemos decidido mantuvimos el silencio por un buen rato. Las vías se alejaban de la zona residencial y el ocaso se volcaba inminente sobre nosotros, se me hacia tarde, debía de regresar al hogar, así que decidí romper el agradable silencio para luego despedirme:
-Le agradezco su compañía, pero tengo que marchar al hogar -
-El placer es todo mio, fue un lindo paseo -pronunció mi compañera, con un tono de voz alegre y confortable.
-Natalia, es usted en verdad especial ¿alguna vez volveré a verla? -pregunte por primera y única ocasión, temiendo que también sea la última.
-No lo se, tengo pensado marchar para siempre... -mi temor se confirmaba. Aquí su voz palideció y una sombra cubrió su delicado rostro, se dispuso a terminar la respuesta sin resolver el misterio:
-...a lo mejor en ese lugar tan lejano tengamos la suerte de encontrarnos nuevamente -tal vez pudiese comprenderla si tan solo nos hubiésemos conocido mejor, tal vez en el fondo de mi ser no deseaba hacerlo, la idea de no volver a verla me recordó lo triste que estaba antes de su llegada. Ocultando mi pesar contesté:
-El día que la casualidad nos vuelva a encontrar seré un hombre afortunado. Le deseo mucha suerte en sus aventuras, por favor, cuídese mucho...
-Lo mismo para usted. Adiós Hernan
-Adiós Natalia -y con un beso en la mejilla nos despedimos. Sus ojos se encendieron con un brillo delicioso, llenos de alegría. Solo atiné a responder con una sonrisa, no pude decir más. En ese momento me pareció una de las criaturas mas amables de este mundo.
No volví a verla. Pero mas tarde supe de ella.
¿Por qué lo hiciste?
1 escupitajo/s:
sos el Dostoievsky Hesse de 3 Arroyos
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