2009-11-19

De la indiferencia, deliciosa indiferencia III

Pero la indiferencia no duerme por siempre la siesta, al despertar reclama atención. Se la voy a dar porque ella se lo merece, si...

Casi medio año y contando desde que estoy en condición de desempleado, desde que reparto papel por todo Tres Arroyos sin ningún resultado. La partida de la mal-fábrica fue todo un punto de quiebre a dividir entre ayer y hoy, con y sin trabajo. Esto empieza a afectar muchos de los pilares que ayudan a sostenerme, ya que lentamente empiezan a sentirse las grietas otorgando una inminente sensación de caída. Pareciera que vivir solo cuesta oro, y no lo tengo en mis bolsillos. Pero eso no es todo, aún queda lo peor, y es el cambio de trato de mis allegados hacia mi persona: Fernanda hace de su fastidio algo patente, en aumento, comenzando a despreciarme tanto por mi constante presencia en el hogar como por mi desganada esperanza a mejorar la situación. Mi familia aplica una postura todavía mas molesta, que es la de tenerme lastima, profunda pena por el mal momento y una obligación moral de ayudar a mantener la economía de su hijo con recursos que no puedo dejar de aceptar. Por supuesto esto resulta embarazoso para ambas partes, lastimando profundamente mi orgullo, sin embargo no dejo de estar agradecido a este factor indispensable que me rescata de una pobreza lapidaria. Con respecto a mis amigos y conocidos creo no estar equivocado al tener la seguridad de que gran parte de ellos se convencen día a día a considerarme un verdadero estúpido, y hasta tal vez tengan razón. No los culpo. ¡Ah! falta el ingrediente que le da un sabor especial a este tuco tan espeso, un ingrediente que todos aportan por igual en la cacerola y es que todos ellos me subestiman por igual. Si, eso es lo que mas duele e importa con sinceridad.
Dichos factores solo los enumero de la siguiente forma con la intención de amalgamarlos a mi teoría de la indiferencia, a modo de ejemplo, para estudiarla colocándome como propio objeto de mi humilde investigación que también es una introducción hacia mi verdadera esencia. De otra forma no son mas que anotaciones banales sin valor alguno mas allá de lo personal.
Pero por algún motivo, que fácilmente me podría explicar y reconocer, pero difícilmente soy capaz de eludir, la indiferencia hacia la vida me es cada día mayor (cuando debería ser todo lo contrario). Debo reconocer que adoptar esta postura, superior a mi, causa profundos temores. Miedo hacia la frialdad que puedo llegar a tener para con mi propio hijo, a la mujer que amo, a esta vida repleta de belleza y a la misma coraza que supe crear para protegerme de ella, a los momentos de reflexión que algún día podrían llevarme hacia algo interesante, a la capacidad de sobrevivir con el fardo de la familia a cuestas. La culpa de todo es mía, es culpa de mi indiferencia, la vencedora a fin de cuentas. Impulsa el egoísmo, da argumentos para sostener un orgullo que conlleva a la estupidez, sostiene esa misma frialdad que con cinismo se opone a su único antídoto (el amor). Algunos dirán que la utilizo como si fuese un recurso mas, entre tantos, para protegerme de lo que sea, y aunque este razonamiento no este equivocado tampoco apunta al núcleo de la cuestión planteada. Hay algo mas ahí dentro, oculto y desconocido para mi, que genera el principio de la indiferencia manteniendola activa. Con la indiferencia somos uno, si ella muere también lo hago yo. Hoy no existe armonía en la realidad que me acontece, me abstraigo de todo y me cubro con su manto, es la única manera que este hombre encuentra para poder sobrevivir, con el mínimo de sufrimiento, y el máximo de placer. La droga a la cual no puedo renunciar...

...una dosis de deliciosa indiferencia.

2009-11-10

El Checo

Martin "El Checo" Bressi regresaba del trabajo, desecho del cansancio como es costumbre para la suerte de los de su clase. Caminó algunas cuadras entre negocios hollywodenses hasta llegar a Av.Sanfe, donde se tomó el 12 desde Plaza Italia para arribar minutos luego en Constitución. Eran algo así como las diez en la noche porteña y el recorrido de todos los días no ofrecía algo nuevo para él, nada mas que gente tirada en la calle durmiendo sobre diarios y cartones. Tuvo la suerte de poder encontrar un asiento libre en el colectivo, enorme y extraña dicha para quienes están hartos luego de un día de mierda, así que acomodó su cuerpo como quien dispone a dormir, cabeza pegada a la ventanilla, posando su mirada en el paisaje pero sin visualizar nada en realidad. Estaba pensando en muchas cosas sin ordenar ninguna idea, una angustia le oprimía el corazón de tal forma que su dentadura apretada, temblando, y la respiración entrecortada le hubiesen puesto es un evidente cuadro de nerviosismo si tal vez alguien se interesara en observarlo. Nadie le observó. El 12 arribó en Estación Constitución, sus pasajeros abandonaron el transporte y Martín les imitó con tal pesadumbre que se retrasaba del grupo, cruzando lentamente los andenes callejeros de colectivos para luego tomarse el tren que le alcanzaría hasta la localidad de Lanus, lugar donde habitaba, donde de seguro le esperaría una comida fría y una familia dormida.
Martín era un tipo de unos 40 años, de tez blanca, cabello oscuro y ojos negros como una noche de invierno. Sus duros rasgos faciales denotaban seriedad y el habito que tenía de vestirse, a pesar de los pobres recursos, siempre resultaba agradable hacia los demás. Llegaba así a la mitad de su existencia natural, encontrándose en excelente estado de salud y con una condición física notable, factores que en conjunto le restaban por lo menos diez años de edad para quien le viese a simple vista. Un tipo simple, normal, que se planteaba la idea del suicidio en Estación Constitución.
Porque sí, la vida le parecía una cagada y su pena mas grande era la decepción hacia si mismo. Nada le había resultado como imaginaba, poco quedaba de aquella ilusa juventud cuando trazaba grandes planes que sin dudas le convertirían en alguien digno de mencionar, pero en su actualidad no podía mirarse ante el espejo sin sentir asco. La vida es dura con tipos como él, y se rendía ante tantas adversidades. En nada encontraba apoyo, tampoco aceptaba ayuda de nadie, ni siquiera de su pobre familia, incapaz de comprenderle como él mismo era incapaz de soportar lo que creía ser un fracaso irreversible. Vacío de ganas de seguir y de esperanzas el Checo estaba resignado a que todo debía acabar inmediatamente sobre la vías. Se encontraba como poseído por su fúnebre pensamiento, estático, apenas respirando y no sin dificultad.
Lo tenía todo planeado, saltaría hacia el hueco en un tramo adelantado donde el tren todavía mantendría la velocidad suficiente para darle una muerte rápida, tan solo esperaba al que llegase primero, que según los horarios del Roca era uno proveniente de Ezeiza, arribando sobre el Anden 2. Ahí esperaba Martín. Pero el tren de Ezeiza no llegaba y se dio a conocer por parlantes que estaba retrasado, casualmente llegó primero uno que venía desde Glew, en el Anden 5. Una multitud corría hacia allí, entre ellos empleados del ferrocarril y algún que otro policía. Comenzaron a oirse todo tipo de gritos:
-¡Se tiró, se tiró!
-¡Por Dios que horror, pobre hombre!
-¡Esta hecho pedazos!
-¡Yo lo vi, el viejo estaba esperando sobre el anden y se cayó!
-¡Vamos che, despejen el área!
-¡No sean boludos, no miren!
-¡Muevan que no hay nada que ver!
Un desafortunado pasajero de todos los días, algo avanzado en edad y tal vez consumido por el cansancio al igual que casi todos en ese lugar, sufrió un calambre (así supusieron luego) mientras se asomaba al borde del anden, como es costumbre para muchos, con la mala suerte de perder el equilibrio y caer dentro del hueco de las vías segundos antes de que el tren arribara. Fue un accidente. Mientras tanto el Checo seguía firme sobre el Anden 2, inmovilizado por sus propios planes y la ironía que creía percibir aun encontrándose en un mundo donde los sentidos le llegaban débilmente. Para cuando este salió de su letargo regresando a la realidad que tanto odiaba, los funcionarios del Roca con la escolta de policías y paramédicos se dedicaban a realizar el penoso trabajo de fotografiar, registrar, y luego juntar, las partes de Eugenio Piccione.
En ese mismo instante, aún sin moverse de su posición pero con la capacidad de juicio totalmente recobrada, Martín supo que la muerte de Eugenio le había salvado la vida. Ya no sentía esa angustia que le empujara a terminar con su desdicha, al menos por en ese entonces, sino una enorme satisfacción, la de haberse librado de un gran peso. Pasado el tumulto y la impresión de la gente, que después de todo no podía mas que durar algunos minutos debido a lo ordinario de estos sucesos, se escuchaban luego por toda Estación Constitución otro tipo de comentarios de un tono mas bien reservado:
-Viejo puto, por su culpa no llego mas...
-Pucha, siempre tiene que haber un boludo que te cague el día...
-¿Por que mierda no se abrá pegado un tiro en la casa?
-Otra vez tarde, siempre lo mismo...
-Que asco, lo peor de todo es verlo... ay no...
-Que mala leche la puta madre, siempre me toca algún infeliz que se mata...
Y mas de lo mismo de la turba iracunda de pasajeros ya retrasados, ya cansados, ya hartos, ya incapaces de ver lo egoístas e indiferentes que son ellos y el mundo entero. El Checo Bressi caminaba de forma errante por todos los andenes escuchando los comentarios, sobre todo de los pasajeros que debían de tomar el tren a Glew, apenándose apenas un poquito en comparación a la dicha que sentía por no haberse tirado hace unos instantes. Definitivamente no deseaba cagarle, mas de lo que ya estaba, el día a nadie. Se planteaba ahora este pensamiento y con un cinismo que blandía excelentemente reía sin disimulo. "Mejor él y no yo" se dijo a si mismo, sonrisa en rostro bien dibujada. Creía haber enloquecido, esto le causaba todavía mas gracia.
Finalmente el tren de Ezeiza llegó luego de una hora de retraso, y Martin se subió a el. Pero esa noche no volvió a su hogar...

Sabemos muy bien donde se fue...

2009-10-09

Imágenes de blanco y negro

Caminaba solo por las calles de Tres Arroyos, mirando alrededor, en busca de algún paisaje digno de retratar llevando conmigo una cámara. De a ratos me detenía a tomar alguna imagen, otras veces yo también deseaba aparecer en el cuadro y programaba el artefacto de tal forma para que la foto se disparase sola, colocándole anteriormente en un ángulo al cual yo podría ubicarme en su mira para salir junto a ellos.
Mientras me mantenía entretenido en mi actividad una persona se acerca, despertándome de un pesado sueño en un mundo aparte. Se decide a realizarme una pregunta:
-¿Por qué te sacas fotos a vos mismo? -le mire fríamente por unos instantes, como quien siente su armonía invadida por un intruso indeseado. Finalmente compuse mi carácter y depuse la mirada agresiva, después de todo solo era una muchacha curiosa, a lo que respondí algo cortante:
-Lo hago porque estoy triste -dije, clavándole la mirada a fin de intimidarla, como una defensa reflejo ante el encuentro con un completo extraño.
-¿Y por qué estas triste? -retrucó al instante, como esperando la respuesta de ante mano.
-Porque me siento solitario -continué con una sinceridad que me sorprendió, al abrirme con un completo y perfecto extraño.
-Bueno, yo estoy muy aburrida... -hizo una pausa, luego prosiguió con total naturalidad:
-¿te molesta mi presencia? -preguntó por tercera vez, se mostraba mas interesada conforme lograba sacarme respuestas. Su interrogatorio era dulce, bien intencionado, persuasivo, y la verdad es que yo deseaba algo de compañía.
-No molestas, en lo absoluto. Pero es cosa rara que un extraño comience una conversación en un lugar desierto, por cierto ¿como te llamas?
-Natalia. ¿Y usted es?
-Hernan. Un gusto conocerla, Natalia
-Parece que ya no somos un par de extraños, y que este lugar no es tan desierto después de todo -sonrió casi imperceptiblemente, moviendo luego la mirada hacia un costado.
Dejamos la charla de lado caminando sobre las vías del tren, que por cierto se encuentran inservibles desde hace muchos años y sus alrededores son los paisajes mas agradables que pude encontrar aquí, a la distancia. Los edificios que alguna vez fueron patrimonio del ferrocarril ahora se encuentran abandonados y en algunas casos tomados por particulares de fines distintos. En el lugar se respira cierto aire bohemio que no existe en otro rincón del pueblo, de cierta forma me recuerdan al entrañable Gran Buenos Aires.
Como pocas veces sucede entre dos personas el vacío de conversación no me incomodaba, al parecer tampoco a ella, y como si lo hubiésemos decidido mantuvimos el silencio por un buen rato. Las vías se alejaban de la zona residencial y el ocaso se volcaba inminente sobre nosotros, se me hacia tarde, debía de regresar al hogar, así que decidí romper el agradable silencio para luego despedirme:
-Le agradezco su compañía, pero tengo que marchar al hogar -
-El placer es todo mio, fue un lindo paseo -pronunció mi compañera, con un tono de voz alegre y confortable.
-Natalia, es usted en verdad especial ¿alguna vez volveré a verla? -pregunte por primera y única ocasión, temiendo que también sea la última.
-No lo se, tengo pensado marchar para siempre... -mi temor se confirmaba. Aquí su voz palideció y una sombra cubrió su delicado rostro, se dispuso a terminar la respuesta sin resolver el misterio:
-...a lo mejor en ese lugar tan lejano tengamos la suerte de encontrarnos nuevamente -tal vez pudiese comprenderla si tan solo nos hubiésemos conocido mejor, tal vez en el fondo de mi ser no deseaba hacerlo, la idea de no volver a verla me recordó lo triste que estaba antes de su llegada. Ocultando mi pesar contesté:
-El día que la casualidad nos vuelva a encontrar seré un hombre afortunado. Le deseo mucha suerte en sus aventuras, por favor, cuídese mucho...
-Lo mismo para usted. Adiós Hernan
-Adiós Natalia -y con un beso en la mejilla nos despedimos. Sus ojos se encendieron con un brillo delicioso, llenos de alegría. Solo atiné a responder con una sonrisa, no pude decir más. En ese momento me pareció una de las criaturas mas amables de este mundo.
No volví a verla. Pero mas tarde supe de ella.

¿Por qué lo hiciste?

2009-09-04

Daniela y José

Era una noche magnifica. El despejado firmamento otorgaba una visión de belleza ante los ojos espectadores; las estrellas brillaban con un fulgor especial que resistía ante las artificiales luminarias de la ciudad, y la luna se mostraba anaranjada, casi rojiza, como si el sol la hubiese percudido con su espectro de radiantes colores. Se acercaba la medianoche pero escaseaba la acostumbrada oscuridad nocturna, otorgando un baño de luz que todo lo iluminaba.
Esa noche el barrio de Temperley no envidiaba nada a los paisajes de ensueño. Fue también esa misma noche cuando José entraba a su hogar y, pese a no encontrar a su mujer en los primeros segundos de búsqueda, dio con ella en el patio del departamento. Con la mirada perdida en el cielo, entumecida, Daniela se maravillaba con el espectáculo ante sus ojos. Apenas si parecía que respiraba cuando su marido le observaba casi tan fijamente como ella a su paisaje.
-Daniela, ¿pasa algo? -preguntó como asustado, sin saber a que respuesta atenerse.
-Hola José... -respondió ella segundos después, para quebrar el vacío de silencio que la pregunta dejó entre ellos, continuó con voz firme -...si, tengo algo que decirte -
Su mirada regresó a la realidad y pareció que recuperaba el sentido, le echó una ojeada al suelo, luego un breve vistazo al cielo, se volvió hacia un costado recogiendo algún objeto depositado junto a ella y finalmente toda su atención se centró en José. La mirada posada fijamente en él, con una expresión repleta de sentimientos, derramando lagrimas sobre su delicadas mejillas, desnudando el brillo de sus ojos que tan hermosos se mostraban cuando le contemplaba. Levantó su brazo derecho alzando el objeto y, apuntándolo contra su hombre, finalmente pronunció: -te amo, siempre... - fueron las últimas palabras que escucharía un hombre inmovilizado por el terror. Sin siquiera pestañear ella ejecutó el primer disparo. José trastabilla por el impacto, cae en el césped y gime algunos segundos tratando de pronunciar palabras que no logra articular. Muere instantes luego, cubierto por el hermoso manto de luz estelar, siendo contemplado por Daniela hasta su última bocanada de aire.
Otros once disparos impactaron sobre el cadáver de José. El revolver solo tenia capacidad para seis balas, pero Daniela cargó por segunda vez su arma para seguir agujereando lo que tanto amaba. Consumado el acto decidió sentarse en una reposera cercana, prendió un cigarrillo y regresó a contemplar el cielo nocturno con el mismo énfasis de antes.

La muerte de José fue una noticia de gran repercusión en los medios locales, siendo palabra en boca de muchos vecinos aun después del tiempo transcurrido. Pasaron de largo muchos eventos de insignificante importancia, al igual que este, en forma de chismes barriales que la gente se transmite una o otra convirtiendo esta ociosa actividad en la principal de los grises vecinos. Pero la ausencia de José y su trágico final, que no es tal, no ha pasado de moda entre la cháchara de quienes alguna vez supieron de él o de su historia. Relatando los sucesos una y otra vez, desvirtuando la verdad del hecho por cada interpretación repetida.
En lineas generales el chisme es el siguiente: un muchacho de barrio regresa a su hogar luego de visitar a su amante. Acto seguido es asesinado por su mujer, quien enterada de la segunda vida de su marido no soporta el engaño y decide darle el mas común de los finales.
Una historia mas que ordinaria.

Daniela y José, gente ordinaria.

2009-08-10

La opción de Natalia

Natalia era una chica perdida en un mundo de ensueño dentro de su imaginación. Ella tan solo quería vivir una gran aventura en tierras lejanas, de magia y fantasía, ser su propia heroína, sin jamás despertar. Creaba magnificas odiseas para si misma, con grandes tesoros ocultos en cavernas oscuras, y dramas coloridos en lugares malignos que siempre terminaban bien. Disfrutaba de vencer a criaturas temibles, enemigos de todo tipo, que allí si podría vencer. No deseaba enfrentar ese mundo real, donde el dolor del corazón no tiene razón. Al acostarse durante noches eternas, leía su libro, su mejor amigo, entre frías paredes y una soledad que no dejaban duda a la opción entre el mundo de hoy y el de su imaginación. Estaba tan perdida en si misma que a la hora de levantarse un largo suspiro el cuerpo le recorría, anticipando otra vez la misma rutina de todos los días. Natalia ya no era una niña, pero su conciencia desesperada pedía a gritos volver a la ilusión de la inocencia perdida, poder creer en el amor verdadero, en más que caricias pasajeras que se desvanecieran en su recuerdo como lagrimas en la lluvia para siempre desaparecer; ella deseaba creer en enemigos visibles que no se escondieran tras su poder, en un afecto que nunca abandone su ser. Es que todo terminó, ayer y hoy, en una gran decepción.
En una mañana cualquiera, despues de salir de su hogar vestida de trapos grises a la moda del mundo y antes de remitirse a sus obligaciones, una súbita inspiración le invadió: la opción, inmediata e irreversible, de vivir por siempre en su mundo de aventuras. Nunca más se supo de la misma muchacha.

¿Que sucedió con Natalia?...

2009-06-30

Loco y melancólico

Pasó tanto tiempo desde que Ramón huyó de la Gran Ciudad, que apenas conserva escasos recuerdos de las calles ricas en tonos grises bajo cielos nublados. El movimiento perpetuo de habitantes que a fuerza de una histeria colectiva mantienen vivo el monstruo urbano, la cultura de los sobrevivientes que en la masa de concreto logran conservar su existencia día a día, viviendo experiencias que otros considerarían desdichas.
Su realidad no es la misma en el exilio, prisionero de un pueblo distante de gente terca e ignorante, con las cuales no comparte nada, ni siquiera un misero punto de vista, como si él fuese un loco al cual no hay que escuchar y hasta burlar si existe oportunidad. Porque ellos desconocen la vida de la Gran Ciudad, le temen, escupen alquitrán contra ella aferrándose a la monótonas costumbres pueblerinas. -¿Cómo no ser declarado un loco, o peor aun, un estúpido, cuando defiende y añora lo que esos seres no pueden ni quieren comprender?- Ramón repite la pregunta con frecuencia; hallándose en una tranquilidad que todavía hoy le es inusual, rodeado de una paz que jamas consideró detestar. Una tranquilidad que se convirtió en soledad.
Se imagina a si mismo fumando un cigarro en el descampado, observando detenidamente un solitario árbol en medio del campo arado. Bajo un cálido sol mañanero la tenue brisa de los vientos mueve con suavidad algunas de sus ramas, donde varias clases de pájaros llenan el vacío con su noble canto. Durante un instante de placer adormece su cuerpo, relajándose con una profunda respiración, mezclando nicotina con la pureza del aire dentro de sus lastimados pulmones porteños. Imagina y recuerda; la Gran Ciudad, su familia, sus afectos, las aventuras... y en un giro repentino, agresivo e irracional, el resentimiento se apodera de sus pensamientos. Pronto una sonrisa diabólica transforma su rostro y al abrir los ojos el paisaje ya es otro: el árbol con todos sus pájaros cae derribado, siendo a al mismo tiempo tragado por monstruosas fauces surgidas de la tierra. No hay sol, ni firmamento, solo oscuridad. Silencio total. -Me sucederá lo mismo- reflexiona para si mismo acabada la fantasía, con todo el cinismo que se puede permitir.
Tanta calma, horrible despreocupación, las angustias de un hombre doblado por el aburrimiento, la tristeza de un viajero sin montaña que cruzar ni amigos con los cuales mediar palabra. Sus aventuras han quedado atrás, etapas del pasado que se queman para convertirse en las cenizas del olvido. Mucho fuego en el espíritu y poca lluvia en el corazón, el dilema que le atormenta.
Adormece los sentidos pensando en el presente, incapaz de predecir el futuro, vuelve a imaginar que duerme pesadamente en el fin del mundo. Esperando por siempre el llamado a la realidad, esperando el despertar de sus sueños. -Al final, todo debería de ser un sueño- susurra Ramón sin que nadie pueda escucharle; con una mano bajo su codo apoyado en el escritorio, y esta, a la vez, sosteniendo la pesada cabeza que no desea mantenerse por si misma. Le sacude un escalofrió que rápidamente despeja sus pensamientos, respira profundo, se concentra, y regresa a la escritura...

...elaborando las próximas aventuras.

2009-06-23

Fobia a la vida

El siguiente texto es dedicado a un amigo, el mejor de ellos, a quien aprecio como una de las personas mas interesantes que tuve el placer de conocer y una grata compañía en todo momento. El tiene un problema, unos cuantos en realidad, y duele ser un espectador de su caída sin poder ayudar realmente como él lo necesita. Ahí le va una dedicación que no es ni la primera ni la última de mi parte, pero también una crítica ya que los amigos estamos para decirnos las cosas como son, desde la distancia pienso yo que es mi única forma de ayudarle... que lo disfruten.


Cada día muere una parte de él, encerrado en un mundo de sombras, prisionero de su propio ser. Desmejorado por su propia estupidez cree que un golpe de suerte dará respuesta a todos sus problemas, más no hace nada para levantar la cabeza, tan solo mentirse una y otra vez. Porque la verdad le duele en lo mas profundo de su ser y el orgullo le priva de todo esfuerzo, por supuesto, demasiado orgulloso para no ser un hombre ciego. Su realidad siempre fue distinta a sus anhelos, simples deseos de un hombre moderno, si tan solo fuese un hombre común... si tan solo supiera valorar el poeta que lleva dentro, lo hermoso de su tristeza y aburrimiento, veo demasiadas virtudes en un hombre que sufre por cada una de ellas, veo a un cobarde escondido detrás de sus letras. Dice él que mucho se solucionaría teniendo dinero, pero no conserva sus empleos haciendo lo posible por perderlos. Que el sexo le seria placentero si las mujeres pudiesen entenderlo, pero desprecia al sexo opuesto y a si mismo, ¿quien pudiese amarlo, quien pudiese entenderle? cuando es incapaz de verse en un espejo. Que su desdicha es producto del ambiente familiar, del seno materno, pero aun vive de ello y hasta comparte el mismo techo. Difícil es comprender a este hombre que hace tiempo dejó de ser niño, y sin embargo hoy se comporta como tal, esbozando futuros planes con crayones de colores... dibujando la próxima mentira. Pareciera no desear una salida de su oscuridad y usa todos los medios al alcance para continuar en ella, desde drogas hasta lastima ajena, cualquier herramienta que le aleje de la realidad, familia, amigos, y de si mismo. Internarse en el eterno sufrimiento, rodearse de oscuridad para ser por siempre un hombre ciego. ¿Por qué... por qué te estas haciendo esto? es tan visible para mi el escape de su realidad, aunque nadie salvo él mismo puede tomar ese tipo de decisiones. Algunas veces pienso que desea ser víctima de su prisión, otras que es incapaz de caminar por su cuenta hacia cualquier puerta. Pero algo tengo por seguro, él tiene mucho miedo...

Quien no quisiera un poco de indiferencia en esos días, y esquivar la fobia a la vida.

2009-06-17

Los Ingenieros de Ilusoria

Pasa a recibir el siguiente diploma nuestro colega Ing. Vicente Arrua, entrega su propia consciencia, mención honorifica por sus fáciles labores y relajado trajín diario. Felicitaciones, maestro del auto-engaño, usted si que sabe el oficio de mentirle a sus pares y a si mismo. ¡Aplausos por favor! Sea tan amable de dedicarle unas palabras a este publico hambriento de realidad...
Muchísimas gracias a todos los presentes, testigos de múltiples maniobras y manipulaciones, es un honor estar entre la calaña de su clase. Antes que nada deseo dedicar este ansiado titulo a mi familia, a mis amigos y conocidos, que sin ellos este placer no seria posible. Mentir no solo es una necesidad, es un arte, es una ciencia exacta, duras han sido las pruebas y los sacrificios que con tanto empeño he superado. De mas esta decir que con mis experiencias ayudaré de sobra a esta comunidad, hambrienta de gente-bien como uno, gente que se pasa la vida engañando a sus pares para hacer de este mundo un lugar mejor, un lugar donde la verdad sea algo manipulable a vuestro antojo. Una verdad feliz, para todos... si.
¡Pero que discurso tan convincente, tan real, aplausos nuevamente para el Ingeniero Arrua, Ciudadano ilustre si los hay!
Un manto de aplausos cubre a los ingenieros y solo se oye la elaborada mentira, esa que solo pocos pueden crear, pero que muchos disfrutan a su manera...
...desdicha de aquellos que logran burlar a los doctos conocimientos de Ilusoria, prisioneros de un sueño, de inexistente libertad, de claro pensamiento censurado por la cruel sociedad.

Acontecimientos habituales de Ilusoria.

2009-05-18

Ojos negros

En el profundo silencio de la noche solo se oye su caminar, que paso tras paso resuena en las angostas calles de la ciudad. Errando sin un destino fijo, con la mirada perdida en la nada y a la suerte del azar, él camina sin detenerse a observar. Un miserable vagabundo envuelto en basura le mira fijamente, con cierto resentimiento, con mucho miedo, temblando debajo de sus mugrientos harapos como un animal acechado, un resentimiento que aún no tiene explicación, un miedo ciego que pronto abra de darle la razón. El se percata de ser observado y cambia su rumbo apenas unos grados, caminando sin detenerse hacia el desgraciado, caminando hacia su reflejo reposado sobre el umbral de un edificio abandonado, sus ojos se pierden en la oscuridad y una débil voz de anciano se hace escuchar -¡Por favor déjame en paz!- para lo cual una devolución mas clara le responde -No temas viejo, ya no habrá mas sufrimiento- y mientras se completan paso a paso los últimos metros que les separan el delicioso silencio del paisaje vuelve a reinar, en una noche urbana, sin luna ni estrellas en su firmamento.

El extraño prende un cigarro y continua su paseo por la ciudad...

2009-05-10

Adiós Mal-Fábrica

Sábado por la mañana, demasiado temprano para cualquier cosa, para cualquier situación que no involucre el refugio de unas cálidas sabanas. El teléfono celular suena, reclama a gritos digitales un poco de atención, y un poco de atención es lo único que recibirá de mi parte en ese entonces. ¿Hola? si... si... bueno, esta bien... si... lunes por la mañana paso a buscar la liquidación, si... si, si... chau. Me acaban de informar que ya no les soy de utilidad por diferentes motivos (falsos), o mejor dicho, que estoy despedido. Diez meses, dieciocho días, tal vez fue demasiado tiempo. Se lo que lo fue para mi, y que ya no lo será.
Fernanda pregunta que querían, y yo les digo que me acaban de echar. Lo pregunta otra vez, lo hace unas diez veces más, todavía no cree en ello pensando en una broma de mi parte, una broma de mal gusto así como lo fue todo este tiempo la fábrica. Soy de hacer ese tipo de jodas pero nunca las alargo tanto como para hacerla llorar y finalmente ella entiende que es una realidad. Nuevamente nuestra vida toma un giro, la comodidad del dinero desaparece por completo, sin duda la vamos a extrañar en los próximos meses. Un cliché en toda novela familiar, algo por lo que muchos deben de pasar, la extraña sensación de ser un desempleado en esta sociedad cuando hay muchas necesidades que atender. Un enorme circo que mantener.
Por todo lo que viví en ese lugar, por como yo sentía el trato de mis superiores, por los trabajos que realizaba, no sentí tristeza alguna aún en estos últimos instantes. Solo una deliciosa indiferencia...
El shock inicial de Fernanda comienza a mermar, unas caricias le hacen entender que todo seguirá bien, que a pesar de este inconveniente nada nos va a faltar. Piensa al igual que yo en nuestro bebe de dos meses, Joaquín, tal vez el mas perjudicado en esta nueva aventura y el factor dramático que le otorga a la mala nueva un tinte de importancia que de otra forma no tendría. Solo resta seguir sobreviviendo, buscar un nuevo trabajo que ocupar ¿podrá ser una nueva mal-fábrica? ojalá no tenga esa mala fortuna pero se que hoy dependo del odioso azar.
Ese mismo sábado por la tarde me correspondía trabajar y elegí tal momento para hacer mi entrada derrotista al horrible edificio. El guardia me informa sus ordenes de no dejarme pasar, yo le informo la única intención de recoger las pertenencias de mi casillero, acto seguido llama al líder de turno para que me escolte como a un prisionero. Todos miran con sorpresa porque saben lo que esta pasando, otros mas cercanos lo hacen con tristeza e indignación, yo solo les sonrió a la vez que comento decenas de veces "son cosas que pasan, esta todo bien, me lo esperaba y sucedió". Porque si, me lo esperaba, desde hace meses que esperaba esta noticia con unas tenues esperanzas de que suceda lo contrario. No sucedió, aplico aquí lo que ya opiné en otra ocasión sobre la esperanza.
Lleno mi bolso poco a poco, como recuerdo también cargo con el maldito uniforme del maquinista envasador, un poco de café utilizado en noches largas y muchos de mis dibujos elaborados en esos días de encierro. Algunos, los mas bonitos, los voy regalando a quienes fueron mis compañeros. Un deseo de buena suerte y el adiós... hasta que una nueva aventura nos una.

Adiós Mal-Fábrica, adiós perra inmunda, hasta nunca jamás...