Casi medio año y contando desde que estoy en condición de desempleado, desde que reparto papel por todo Tres Arroyos sin ningún resultado. La partida de la mal-fábrica fue todo un punto de quiebre a dividir entre ayer y hoy, con y sin trabajo. Esto empieza a afectar muchos de los pilares que ayudan a sostenerme, ya que lentamente empiezan a sentirse las grietas otorgando una inminente sensación de caída. Pareciera que vivir solo cuesta oro, y no lo tengo en mis bolsillos. Pero eso no es todo, aún queda lo peor, y es el cambio de trato de mis allegados hacia mi persona: Fernanda hace de su fastidio algo patente, en aumento, comenzando a despreciarme tanto por mi constante presencia en el hogar como por mi desganada esperanza a mejorar la situación. Mi familia aplica una postura todavía mas molesta, que es la de tenerme lastima, profunda pena por el mal momento y una obligación moral de ayudar a mantener la economía de su hijo con recursos que no puedo dejar de aceptar. Por supuesto esto resulta embarazoso para ambas partes, lastimando profundamente mi orgullo, sin embargo no dejo de estar agradecido a este factor indispensable que me rescata de una pobreza lapidaria. Con respecto a mis amigos y conocidos creo no estar equivocado al tener la seguridad de que gran parte de ellos se convencen día a día a considerarme un verdadero estúpido, y hasta tal vez tengan razón. No los culpo. ¡Ah! falta el ingrediente que le da un sabor especial a este tuco tan espeso, un ingrediente que todos aportan por igual en la cacerola y es que todos ellos me subestiman por igual. Si, eso es lo que mas duele e importa con sinceridad.
Dichos factores solo los enumero de la siguiente forma con la intención de amalgamarlos a mi teoría de la indiferencia, a modo de ejemplo, para estudiarla colocándome como propio objeto de mi humilde investigación que también es una introducción hacia mi verdadera esencia. De otra forma no son mas que anotaciones banales sin valor alguno mas allá de lo personal.
Pero por algún motivo, que fácilmente me podría explicar y reconocer, pero difícilmente soy capaz de eludir, la indiferencia hacia la vida me es cada día mayor (cuando debería ser todo lo contrario). Debo reconocer que adoptar esta postura, superior a mi, causa profundos temores. Miedo hacia la frialdad que puedo llegar a tener para con mi propio hijo, a la mujer que amo, a esta vida repleta de belleza y a la misma coraza que supe crear para protegerme de ella, a los momentos de reflexión que algún día podrían llevarme hacia algo interesante, a la capacidad de sobrevivir con el fardo de la familia a cuestas. La culpa de todo es mía, es culpa de mi indiferencia, la vencedora a fin de cuentas. Impulsa el egoísmo, da argumentos para sostener un orgullo que conlleva a la estupidez, sostiene esa misma frialdad que con cinismo se opone a su único antídoto (el amor). Algunos dirán que la utilizo como si fuese un recurso mas, entre tantos, para protegerme de lo que sea, y aunque este razonamiento no este equivocado tampoco apunta al núcleo de la cuestión planteada. Hay algo mas ahí dentro, oculto y desconocido para mi, que genera el principio de la indiferencia manteniendola activa. Con la indiferencia somos uno, si ella muere también lo hago yo. Hoy no existe armonía en la realidad que me acontece, me abstraigo de todo y me cubro con su manto, es la única manera que este hombre encuentra para poder sobrevivir, con el mínimo de sufrimiento, y el máximo de placer. La droga a la cual no puedo renunciar...
...una dosis de deliciosa indiferencia.

